Soneto al amanecer

3/02/2016



El día se está afeitando el rostro
y su piel de azul luce bien lavada,
la luna se acuesta ya en la alborada
y el sol la besa con un breve logro.


¿Cuántas vidas cabalgan como un potro
y se refugian en las madrugadas
copulando con sus apacibles hadas
o, quizá, deseando lo que es de otro?


El invierno pare a la primavera
y el verano se desangra en otoño
adornando al mundo con su solera.


Es por eso que versos tan gazmoños,
necesitan hedores a caldera
y una pizca de puta rabia: ¡coño!

Guillermo Pérez-Aranda

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