Acoso

2/05/2014

El amor los acosa,
no les deja tiempo,
ni les da respiro
para algo que no sea el amor.
El amor los asalta,
los desuella vivos
y los pone a arder
delante de los ojos de todos.

Con besos, abra­zos y caricias
bus­can sobrevivir,
pero nada más inútil:
mien­tras más numerosos e intensos,
más inde­fen­sos están,
mien­tras más cie­gos y fieros,
más per­di­dos.

Se miran, se tocan,
se envuel­ven
el uno al otro,
pero ni el amor mismo
los defend­erá
del amor mismo.

Han lle­gado a ese punto
en que ya no hay vuelta,
y morir no les importa.
Entonces mul­ti­pli­can,
lances, ardides,
y astu­cias
y no cejan en el empeño:

Sal­varse no les da
otra opción distinta
a devo­rarse a sí mismos.

Elkin Restrepo

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